domingo 28 de marzo de 2010

Juegos infantiles

El día de hoy se dio el siguiente diálogo entre unos infantes jugando. Aquí les van los datos:

Hora: 8:34 p.m.

Lugar: Patio del condominio

Escena: Niños (entre 9 y 12) juegan posiblemente a que son posiblemente agentes secretos.

- “No po’ hueón, tení que salir de ahí. ¡Es una bomba!”

- “¡Sal de ahí ahueonao’!”

*BOOOOM* (Sonido de bomba producido por uno de los querubines).

- “¡Corre, hueón, corre!”

- “No te podi parar hueón, si te moriste.”

- “¡¿Adonde?! Si me escapé, hueón.”

- “¡Sí te moriste po hueón!”

- “No, te tan diciendo que no morí.”

- “¡Sí ‘tay muerto, culiao’!”

Entonces un vecino clamó:

- ¡Cállense cabros culiaos!

Fin súbito de la historia

sábado 27 de marzo de 2010

Me cago en los pendrive

¿Cómo les baila a todos mis queridos Larrys? Yo estoy con algo de sueño porque como nunca hoy tuve que madrugar. Tuve que poner despertador a las 6:45 am, pero no pude cerrar un ojo como hasta las 4:00. Ni les cuento la carita matutina con la que aparecí en el baño. En pocas palabras, digna de zombie de Resident Evil 4, con legañas, claro está. Razones para este desvelo hay muchas, pero creo que la razón fue una rabieta que tuve en la tarde contra la tecnología. Les cuento que fue lo que pasó.

Todos conocen los pendrives con MP3. Más de alguno debe estar agradecido de que la nanotecnología haya permitido la creación de estos pequeñines que no se pueden comparar en capacidad a la arcaica quemada de CDs. Sin embargo, hay veces en que estos diminutas hueas nos pueden cagar la onda y, dependiendo, hasta la existencia. Como reza el nuevo himno del Bazar: “Que levante la mano quién no uso pendrive, que levante la mano a quien no se le borró”.

Como universitario, más de una vez confié mi vida a mi fiel pendrive, y sólo porque del de arriba es grande, siempre respondió y aperró. Nunca tuve un puto drama. No obstante, tenía amigos y compañeros que el aparato mágico randomente cagaba y perdían el trabajo, informe, power point y hasta tesis para impresión. Creí que esos dramas no me pasarían a mí; que era como “Hypendrive, el inmortal”. El destino pronto probaría lo errado que estaba.

Ayer me tocó recibir un MP3 de la pega para usarlo en una clase. Tras haber estado toda la tarde planificando la huea de clase llegó el momento de poner fin al proceso pasando el audio al MP3/Pendrive y con eso sería el fin de la odisea. Pico de perro. Al intentar borrar los archivos existentes me apareció uno de esos mensajes que a todos nos encanta leer “disco protegido contra escritura”. “¿Qué chucha?” me dije pa’ mis adentros. Procedí, pues, a intentar crear una nueva carpeta, hecho que obviamente gatillo el mismo mensaje.

Iba en el 5to intento y ya la sangre empezó a hervir, junto con normal inculta-informal. “¡Pero responde, reconchetumadre!” le grité, mas no hubo respuesta alguna. Entonces recordé que mi hermano algo le pega a esto de la computación y le pegué in ring-razo. Él estaba en la playa y sólo pudo decirme “Bah, que raro”. La respuesta me dejó aún más irritado, pero me sugirió buscar en Google alguna solución.

Pa’ hacerla corta cabros, perdí 30 minutos tratando de formatear la caga’ de pendrive, que para colmo de colmos no era ni mío. Me irritaba a cagar la idea que esto fue obra de otro infeliz que lo uso antes que yo y al ver que cagó lo entregó tal cual. Al final, no sé como cresta pescó y logré formatearlo. “¡Aleluya, Cristo vive!” clamé en tono celestial. Pasé el audio y dejé cargando la pila para que estuviera lista para mañana.

Al rato tuve la ocurrencia de ver si se escuchaban las pistas, a lo que la diminuta pantalla de varios colores respondió con el mensaje “No files detected”. Ahí la rabia me superó: “Sabi que más, ¡ándate a la reconchetumadre, huea de mierda!” Y lo tiré al sillón, sin más preámbulos. Confieso lo hubiera tirado al piso, pero la idea de saber que no era mío me ganó (junto con la idea de después tener que pagar esa huea malísima).

En fin, era ese episodio de rage attack que quería compartir con ustedes, mis distinguidos Larrys, esta noche de otoño-verano. Espero esta noche poder dormir mejor, y si no, ni me saluden el domingo. Nos vemos pronto, Larryses.

viernes 26 de marzo de 2010

Terremoteando en el Bazar

Saludos a todos los que han regresado a estas humildes planas. Hoy desperté pa’ variar a la hora de la raja. Desperté sólo por los trabajos que un vecino está haciendo en su depto, mismos trabajos que lleva haciendo desde hace seis meses. La cosa es que hoy me levanté con un pensamiento no muy grato. Miré mi súper pijama y descubrí que era la misma huea que llevaba puesta la noche aquella del mambo telúrico. Les cuento como fue la experiencia esa noche.

El sereno había cantado las 3 y algo y yo figuraba en el PC, haciendo nada productivo. Entonces me dije a mi mismo: “Ya hueón, es hora de irse al sobre pa’ mañana poderme levantar a una hora decente”. Apagué todas las hueas varias y me fui a la cama a escuchar uno que otro tema en el Ipod. Ahí estaba yo, apunto de caer en réquiem por un sueño cuando de pronto empezó a moverse. “Temblor culiao’” me dije y seguí sin inmutarme en la cama. Después ya todos saben que la hueaita no terminó na’. Empezó la batidora en que las hueas saltaban, se caían otras cuantas, la gente lloraba y gritaba, era el Apocalipsis. Yo mientras me estaba sacando cresta y media contra un tabique en la entrada del depto. “Mansa cagá” me dije mientras pensaba en mi madre que estaba viviendo esta terrible huea por allá en un piso altísimo.

A los minutos volvió la seudo calma, mas la gente seguía nerviosísima y no era pa’ menos. Mientras, yo calculaba los daños en el depto y cuantas hueas se cayeron. Tenía libros nuevos, pero llegaban a brillar de lo nuevos. Pico. Cagaron. Se cayó un macetero encima y coronó de finísima tierra de hojas la alfombra y todo lo que había en ella. Era como el día después de mañana, excepto que era después de hoy. A los 15 minutillos, un hueón bello gritó que teníamos que evacuar del edificio. “Me cago en todos los santos y en los que aún no existen” clamé a los cielos. En ese mismo momento, me di cuenta de mi indumentaria. Estaba con el peor pijama que un ser humano puede llevar, presente de mi mami (más linda ella). Supongo que en mis mejores años me quedaba estupendo, pero claramente no es el caso. La polera es roja y tiene una costura extraña al medio que hace parecer que tuviera unas tetas dignas de la Marlene. “Ni cagando bajo en esta pinta”. Después filosofé conmigo mismo: "puede que haya temblado y se haya caído la mitad del mundo, pero ni cagando salgo con estas tetas a la plaza". Imagínese, me sale movida en la plaza y yo con unos senos exorbitantes. Me devolví y me cambié a una tenida más decente. Es más, busqué en la cagá que quedó por baño la colonia pa’ echarme una rociada antes de salir a debutar por Silent Hill.

No les miento. La oscuridad era macabra, sumado a la histeria colectiva. En la plaza me encontré con todos los lolas y lolos que se encontraban tomándose su pilcen loca en las inmediaciones del barrio. Algunos estaban llorando, otros tranquilos y otros, como no, borrachos como tagua. “¡¿Qué pasa con esa replica?!” gritaba un paisano mientras algunos reíamos y otros le miraban con cara de orto al cubo. El resto de la historia ya se lo suponen. Ir a encontrarse con la familia, ayudar a mi pobre madre, cambiarse de domicilio mientras se calmaban las placas putas. En fin, todo lo bello que conlleva tener un terremoto 8.8 en tu patio trasero.

Eso quería compartir hoy. Si no les gustó, no importa. La próxima entrada será mejor. Y si no, lisa y llanamente, másquenla. Saludos a todos y nos vemos, pero esta vez sin el pijama espantoso.

jueves 25 de marzo de 2010

¿Y qué pasó, papás?

Wenas y güenas a todos los Larrys. Espero que estén bien y que no les haya terremoteado mucho. Han pasado muchísimas lunas desde ese fatídico día en que tuvimos que cerrar las puertas de nuestro queridísimo Bazar. Ese día quedó lisa y llanamente la caga más IVA. Me llamó gente del norte y del sur preguntando qué chucha pasó que no se podía entrar al Bazar. Una y otra vez recibía mensajes como: “Oye Braulio, ¿qué pasó con el Bazar?” y simplemente no hallaba qué poder contestar. Al cabo de un tiempo, la pipol poco a poco empezó a resignarse a la idea que nuestro querido Bazar había cerrado pa’ siempre.

Varias veces intentamos reabrir este lugar: le cambiamos logo, razón social, nombre y hasta le pusimos más güendi y colorsh, mas no hubo caso. No era lo mismo. De un día para otro nuestros queridos lectores se quedaron sin Bazar, sin techo, sin historias y sin devolución de impuestos. Sin lugar a dudas, nuestro blog despertó la curiosidad de muchos, conquistó corazones y dibujo una que otra sonrisa en esa cara de orto tan típica de las seis de la tarde. Algunos eran bien asiduos de estás líneas, al punto que llegó por estos lados el rumor de una secta denominada “los huérfanos del Bazar”. Brigido.

Si ustedes pensaban que ustedes, fieles lectores, la estaban pasando mal, ni se imaginan como la estábamos pasando mis Larrys y yo; aburridos, chatos, hartos, fastidiados y pa’ colmo de colmos, sin ni un puto espacio para poder verter nuestras humildes opiniones de manera común y soez al ciberespacio, como quien tira mierda al mar. Nos vimos en la necesidad de andar ratoneando en el reality del Fausto pa’ distendernos un ratico. Caímos bajo cabros, pero puta que nos reímos.

Novedades, novedades y más novedades. Se acabó la U pos papás; no más japo, no más Inés, no más pawa pointo, no más sesiones de ética, no más traducciones, no más cabinas y no más oradores. En este momento, soy un hueón feliz y agradecido del de arriba de no tener que ver un kanji más que no sea los que vienen en los manuales de los cartridge (que boto sin siquiera leer). Oficialmente, somos un grupo de entes al servicio de la comunidad y sociedad chilensis. Unos están con pega; otros en la corrida maratónica Líder de buscar un puesto; otros se están perfeccionando; otros recorren el mundo y hay otros hueones que no están haciendo nada y están varados en sus sillas como cachalotes. Esos, mis queridos amigos, son los indispensables. Son esos los que me inspiran a escribir y volver una vez más a este bello espacio virtual.

Aún no hemos podido reestablecer todo el glamour del antiguo Bazar, pero poco a poco iremos narrando nuevas historias, nuevas vivencias y, por qué no, una que otra chuchá’ bien puesta como un punto final a la oración.

Bienvenidos una vez más a este, su Bazar. Nos vemos en la próxima entrada loca.